Cuando hacer fotos ya no es suficiente

Vale, todo el mundo está ya de acuerdo con que la fotografía está viviendo un hito histórico sin parangón. El otro día leí que se suben mas de 300 millones de fotos al día a Facebook y no me sorprendió. Ese tsunami visual ha sido provocado por el uso masivo e ilimitado de la fotografía por parte de todo hijo de vecino pero...y esto qué supone para los que usamos la fotografía para lanzar preguntas retóricas y proponer estéticas (habitualmente etiquetados bajo “fotografía artística”) y para los que la utilizan para destapar y/o señalar situaciones concretas (habitualmente etiquetados bajo “fotografía documental”)?

Ya hemos pasado el susto inicial y empezamos a estar familiarizados con todos esos proyectos que hablan sobre como el flujo imparable de imágenes es ahora la norma y no la excepción. La tantas veces repetida y cacareada revolución ha provocado un efecto dominó cuya última pieza somos los fotógrafos, que de repente vemos como el espacio que ocupábamos en ese circuito de creación y consumo de imágenes se ha desvanecido y, como es normal, sufrimos de vértigo. Pero si conseguimos tragar saliva y dar un paso adelante aunque sea a ciegas, tengo la certeza de que en realidad encontraremos un suelo, quizás no firme, pero sí virgen, donde pisar.

Pero para ello primero tenemos que aceptar la realidad. Vale ya de lamentarse y negar la evidencia. Hay que aceptar que ideas como la de la fotografía como testigo ya no está exclusivamente en manos de fotógrafos. Por una simple cuestión de probabilidad el fotógrafo profesional casi siempre llegará más tarde a sacar la foto que alguien que pasaba por allí. La foto-testimonio está cada vez más en mano de todo el mundo, cosa de la que creo que el periodismo debería alegrarse, porque aquello que merece ser contado estará documentado a pesar de que el periodista no haya podido llegar. De esa manera además se libera de un trabajo, creo yo, poco periodístico, ya que entiendo que los periodistas deberían ir detrás de la causalidad y no tanto de la casualidad. Es decir, que yo cambio a un solo periodista que haya buscado una noticia, por 100 que se la hayan encontrado. Se suele argumentar que el problema es lo poco fiable de esas imágenes que “a saber tú de donde vienen”, pero la verdad es que si nos ponemos a analizar rigurosamente cuestiones de veracidad en el fotoperiodismo, la gran y aplastante mayoría de fotografías manipuladas que se han publicado en medios de comunicación estaban firmadas por “profesionales”... Así que antes de acusarnos a los demás, recomendaría a los defensores de la pureza fotoperiodística se mirasen al espejo tal y como, todo hay que decirlo, ya han hecho algunos.

Captura de pantalla de una "¿fotografía?" publicada
en la web del diario ABC la semana pasada

Justamente ese autoanálisis crítico que le pido al fotoperiodismo, es el que tenemos que hacer extensivo a todos los que de alguna manera u otra vivimos de la fotografía. Igual que la foto-testimonio ya no será nunca más una práctica exclusiva de los profesionales, hay otras muchas prácticas en las que nos estamos viendo desplazados. La ventaja que teníamos a base de acarrear cámaras, carretes, tarjetas y objetivos por todas partes se fue y ya no volverá. Es hora de asumirlo, aceptarlo y aprovecharlo.

Entiendo que “aprovecharlo” es lo que ahora mismo se antoja complicado, pero tal y como ya ha sucedido en otras ocasiones en el pasado, ahí están la prácticas más arriesgadas para descrifrar como conseguirlo. Aquellas que parten de representaciones personales y que a pesar de que al principio suelen ser denostadas por incomprendidas, al cabo de un tiempo acaban siendo digeridas y regurgitadas como propias por la mayoría. Y aunque aquí corro el peligro de verme atrapado por mis palabras en el futuro, me atrevo a apuntar algunas ideas que nos ayudarán a avanzar.

Antes de proponer algunos ejemplos concretos quiero subrayar dos factores que creo que van a ser determinantes para conseguir superar la situación actual: por un lado un conocimiento profundo de la fotografía a nivel histórico, teórico, técnico y formal, y por otro la capacidad de desarrollar un discurso propio y de alguna manera identificable. Ahora que ya no basta con estar en el lugar y en el momento adecuado, que no somos los únicos que nos vamos de viaje y sacamos fotos y que no hace falta tener una cámara cara ni saber como utilizarla para hacer una foto (ya sea esta buena o mala), es justamente cuando los que nos autodenominamos fotógrafos tenemos que profundizar mucho más en aquello que reivindicamos y que nos debería diferenciar. Tenemos que saber situar una imagen en su contexto histórico y teórico, y ser capaces de diseccionarla en cuanto a su contenido formal y técnico para poder así dar un paso más allá de la mera repetición concatenada de lo que ya todo el mundo ha visto. Ya no basta con seguir repitiendo patrones, todo el mundo sabe que hay ciertos trucos que funcionan, hace tiempo que la mayoría de la gente tiene ensayada su mejor pose para ser retratados tal y como ellos quieren ser vistos en nuestras fotos. Nosotros tenemos que ser capaces de darle la vuelta a todos esos patrones y formatos ya asumidos. Y la única manera para hacerlo vendrá dada por el conocimiento adquirido a través de años de, no solo trabajo práctico y reiterativo, sino también de un cuestionamiento mucho más profundo y reflexionado del medio.

Este conocimiento además nos allanará el camino para poder desarrollar una personalidad fotográfica propia con la que poder identificarnos. Estoy convencido de que todos tenemos unos intereses intrínsecos que vienen derivados de nuestro bagaje cultural en función de donde y cuando hemos nacido y vivido. Lo único que tenemos que hacer es sacarlos a relucir en nuestras fotos. Y a pesar que de que los temas sobre los que ha versado la fotografía en cada época están innegablemente ligados a su tiempo (para algo la fotografía es la única que tiene esa relación esquizofrénica con la realidad), las miradas diferenciadas de determinados autores han sido y serán, hoy más que nunca, las que perdurarán sobre esas más de 300 millones de fotos al día de Facebook.

© Sohei Nishino, Diorama Map Tokio


Volviendo a los ejemplos de propuestas que van un poco más allá, creo que es más interesante fijarse en procesos de trabajo e ideas que simplemente en nombres, ya que yo soy de lo los que no creen en autores malditos o artistas únicos avanzados a su tiempo. Hoy más que nunca el arte y la fotografía camina de manera homogénea y todos aprendemos y estamos en deuda con todos.

Es por eso que no me sorprende que en menos de dos años vayan a publicarse con previsible éxito (o al menos repercusión) varios libros de fotografía que atacan desde diferentes ángulos a publicaciones decimonónicas de la religión, la política (leer al final de la entrevista a Cristina de Middel) o la propia historia de la fotografía. Nada mejor para renovarse que matar al padre, y teniendo en cuenta que vivimos el mayor boom de libros de fotografía de la historia, la verdad me sorprende que no nos diésemos cuenta antes que se darían este tipo de estrategias.

Por otro lado, si algo nos ha traído la era digital son las pantallas, y con ello las representaciones gráficas e intangibles de textos e imágenes. Al mismo tiempo, y en un tiempo record, esta nueva realidad no palpable ha causado un efecto rebote en el que otras tecnologías como las impresoras 3D cobran todo el sentido al hacer físicas todas esas formas bidimensionales. Del mismo modo que se defendió el vinilo en la música, en la fotografía no solo se ha defendido la película, sino que ha descubierto toda una vertiente matérica (uno y dos ejemplos) y escultórica (ver The Camera Collection) que no ha hecho más que empezar a desarrollarse. La escultura bidimensional y la fotografía tridimensional llevaban algún tiempo tanteandose, pero nunca habían estado tan cerca.

Hace poco vi un documental en el que los protagonistas, geeks reconocidos y orgullosos reivindican todo lo que sucede en Internet como real, como parte de su vida real. Tanto es así que cuando en un juicio les preguntan cuando se conocieron “IRL” (in real life/en la vida real), dicen renegar de ese acrónimo y abogar por “AFK” (away from keyboard/lejos del teclado), ya que entienden que lo que sucede en Internet es tan real como lo que sucede fuera. Ese es un cambio de mentalidad que también está ya llegando a la fotografía y aunque de manera tímida, empiezan a encontrarse trabajos que hablan de esa realidad intangible.

En la fotografía documental, también se están dando pasos impensables hasta hace muy poco. Se han roto fronteras relativas a la esencia propia del movimiento, ya que se plantean proyectos en los que el documento fotográfico se genera antes de que sucedan los hechos que se quieren denunciar y representar. Al mismo tiempo, el incensurable e imparable aluvión de imágenes de gran crudeza que pueblan Internet se utilizan como fuente de creación para autores que denuncian guerras y conflictos lejanos al mismo tiempo que se cuestionan el uso y circulación de la imagen hoy en día.

Estos son solo algunos ejemplos de algunas de las nuevas vías que se están abriendo entre las grietas de aquello que conocíamos como “fotografía” hasta hace poco. Aunque puedan parecer muy dispares, creo que hay un componente que une irremediablemente a todas. La experimentación. Si estamos hablando de matar a los padres, de dar pasos hacia lo desconocido y de cambios de mentalidad, sacudirse el polvo de lo anterior y ponerse cascos y coderas para tantear y jugar con lo que vendrá es condición sine qua non para avanzar. Dejemos las purezas, los dogmas y lo correcto de lado y permitámonos probar, errar y acertar.

Solo quiero acabar con una frase que aunque parece sacada de una película hollywoodiense, quizás sirve como reflexión final: si el fotógrafo es aquel que saca fotos, todo el mundo es hoy fotógrafo. Si el fotógrafo es aquel que ha estudiado y reflexionado sobre su herramienta a fondo tanto como para ponerla en duda y además ha sabido experimentar con ella para plasmar sus inquietudes personales, solo unos pocos seguiremos siendo fotógrafos.

Para este taller (este es un texto de introducción/provocación para el taller "Hola Fotografía" que empiezo a impartir esta misma tarde en Meeatings23) os animo a que trabajemos sobre alguno de los caminos que acabo de apuntar más arriba u otros que os sugeriré. O mejor aún, que lo hagáis sobre los que a vosotros mismos os interesen y propongáis. Es por eso que, aunque sé que no os he dado mucho tiempo para pensarlo, me gustaría que para la primera clase vengáis con alguna idea por muy vaga que sea, respecto qué vías os gustaría debatir y experimentar (ejemplos de trabajos propios y ajenos, y críticas de todo tipo a este texto serán muy bienvenidos).

Woody Allen posa para Playboy bajo la leyenda:
"Llevo cinco minutos en la profesión ya estoy
tomando decisiones improvisadas"

La Postfotografía Constructiva

Este es el guión que escribí como introducción a la mesa redonda en la que participé junto a Laia Abril y Roc Herms con motivo de la exposición From Here On, que tras inaugurarse en el festival Les Recontres D'Arles e itinerar a Amberes, se puede visitar en el Centre Arts Santa Mónica en Barcelona hasta el próximo 13 de abril.


Voy a aprovechar que mi posición en relación a esta exposición es diferente a la mayoría de los que han pasado por esta mesa durante estos días, ya que (lamentablemente para mi) ni soy parte del equipo de comisarios, ni artista participante. Teniendo en cuenta que los comisarios ya han descrito varias veces cual es hilo conductor con el que han tejido su propuesta y por tanto, ya han explicado qué es la postfotografía, he llegado a la conclusión de que resultará más interesante para todo el mundo si me centro en intentar explicar de una manera crítica y analítica el proceso que les ha traído tanto a ellos como a los artistas que forman parte de esta exposición (especialmente los dos que hoy me acompañan, Roc Herms y Laia Abril), hasta aquí.

Desde que Niepce consiguió manchar una placa de metal con algo parecido a un paisaje desde su ventana hasta hoy, la historia de la fotografía se podría dividir en tres grandes bloques. El primero iría desde su nacimiento hasta la vanguardias, el segundo desde las vanguardias hasta la aparición de la tecnología digital e Internet, y el tercero sería el que viene de ahora en adelante.


Manifiesto de la exposición From Here On.

Aunque no quiero entretenerme viajando demasiado atrás en el tiempo, si que creo que es muy importante resaltar el gran avance que vivió la fotografía desde mediados de los 50s en adelante, claramente influenciada por la aparición de los mass-media, el Pop Art o exposiciones como Pictures. La aceptación de autores como Cindy Sherman o Jeff Wall y sus reivindicación de la escenificación, o la de los artistas Andy Warhol o Richard Prince con las de la apropiación, nos permitieron asumir que a pesar de que una fotografía fuese teatralizada o recontextualizada, ciertos sectores del arte empezaban a ser capaces de leer sus códigos y entender su mensaje. Ese paso suponía aceptar que la cultura visual del espectador había subido un peldaño, que los fotógrafos ya no solo ofrecían “una ventana por la que ver el mundo”, sino que a raíz de la llegada de la televisión, las revistas ilustradas,  el cómic, el cine o la publicidad, el público entendía y asumía los códigos de la escenificación o de la apropiación, y por tanto el fotógrafo podía organizarlos a su antojo en una imagen preconcebida. Además de aquellos que utilizaban “la ventana por la que ver el mundo”, aparecieron autores que conjugando los diferentes signos adquiridos a través de los diferentes medios de comunicación de masas, eran capaces de recrearlos y escenificarlos sin provocar ningún problema digestivo.

Después llegó la fotografía digital abaratando los costes y simplificando la técnica hasta rozar el absurdo. Cuando los fotógrafos autodenominados “profesionales” ya se empezaban a rasgar las vestiduras porque esa tecnología permitía a todo el mundo tener una cámara, la cosa incluso fue más allá al incrustarse estas en los teléfonos móviles, ya que es a partir de ese momento cuando ni tan siquiera hace falta comprarlas por separado. No significan un objeto más a acarrear y además permiten compartir esas imágenes de manera instantánea; ha llegado Internet.

Tal y como demuestra esta exposición, especialmente el trabajo de Penélope Umbrico, destacada pionera de la postfotografía, una de las características más importantes de la fotografía hoy en día es que se ha convertido en un flujo que crece exponencialmente y que es alimentado por millones de personas a diario. Este hecho irrefutable implica al menos dos grande cambios: por un lado que el estatus de generador de imágenes se ha generalizado y democratizado, y por otro, que el uso de la fotografía por parte de la gran masa ha mutado desde la captura de los hitos biográficos, hacia su integración como parte activa de la vida de las personas. Ya no sacamos la cámara solo en los cumpleaños, bodas, bautizos y vacaciones. La utilizamos a diario para comunicarnos como un lenguaje que va más allá de la palabra. Hoy en día se hacen y suben a Internet más fotografías en un día de las que se habían hecho en los 150 años de historia de la fotografía anteriores. La evolución en Internet ha ido desde blogs con escritos en principio cortos en relación a lo que acostumbraba ser un escrito en papel, a Fecebook con textos mucho más concentrados, a Twitter reduciendo aún más su extensión hasta los 140 caracteres,  hasta llegar a Instagram, donde el peso de la comunicación lo lleva directamente la imagen. Creo que todos estos datos demuestran el histórico, abrupto e inevitable cambio de los usos del medio en todos sus escalafones y disciplinas. El uso diario de la fotografía como lenguaje de expresión ya no es exclusivo de los autodenominados “profesionales” ni de los aficionados. Todo el mundo se expresa a través de la fotografía, pasando de ser una representación de la realidad, a ser parte muy activa y relevante de la misma. Esa circunstancia ha provocado un efecto dominó, ya que aquellos que utilizábamos la imagen en ese mismo contexto, nos hemos visto invadidos y nos encontramos en la necesidad de explorar nuevos y desconocidos caminos.

La instalación de "Sunset" de Penelope Umbrico en la Fundación Foto Colectania,
este trabajo forma parte de la exposición "Obra-Colección" que se puede visitar
hasta el 25 de mayo en dicha fundación.

Antes decía que en los 80 se empezaron a asumir y entender los códigos que construyen una imagen. Se pusieron en duda fotos míticas del documentalismo como la del miliciano de Capa, el beso de Doisneau o el levantamiento de la bandera de Iwo Yima. Si a esa capacidad crítica desarrollada principalmente por practicantes o estudiosos del medio, le sumamos la masificación digital, es perfectamente entendible que algunos de los autores que trabajan con la fotografía hayan redirigido su punto de vista hacia esa nueva realidad. Y si además coincide que algunos de esos espíritus críticos ya llevaban años rastreando la fotografía vernacular cuando esta solo se podía encontrar en álbumes familiares abandonados o revendidos en mercadillos, se explica perfectamente que Erik Kessels, Joachim Schmid, Joan Fontcubera o Martin Parr hayan sido los primeros en aceptar, celebrar y analizar ese nuevo fenómeno.

El equipo de comisarios que han desarrollado esta exposición han dirigido su mirada directa y exclusivamente a esa nueva realidad cuyo destino desconocemos. Prácticas como la apropiación, la escenificación o la tergiversación no les son para nada desconocidas y por lo tanto no se sienten incómodos a la hora de reivindicarlas como estrategias válidas para la fotografía, por mucho que los adalides de la ortodoxia documental los tachen de sacrílegos al ver como se tambalean sus cimientos. Todos ellos comparten un punto de vista común que se plantea en el decálogo postfotográfico de Fontcuberta publicado en La Vanguardia hace casi dos años, y que me permito resumir en cuatro puntos:

- La defensa del reciclaje de imágenes y la reivindicación del apropiacionismo.
- La disolución de la figura del autor con la de editor y curador.
- La llegada de lo lúdico y sencillo para dejar atrás lo costoso y pretencioso (cosa de la que me alegro personalmente).
- La disolución de los límites entre lo público y privado a través de la posibilidad de “compartir” que ofrece Internet hoy en día.

Hace un pocos de días, en esta misma sala, en una conferencia protagonizada por los comisarios que antes nombraba (a excepción de Parr) , alguien entre el público denunció la falta de tema en los trabajos expuestos. Esta postura es lógica en quién cree que la fotografía solo puede ser una herramienta de expresión y aún no ha asumido que, a día de hoy, es para algunos más interesante como tema de análisis en sí misma. Tal y como he explicado anteriormente, los comisarios de esta exposición llevan ventaja en ese sentido, por lo tanto celebran la nueva posibilidad de estudio e investigación de estas prácticas fotográficas inéditas con regocijo. Hay que tener en cuenta que esta exposición legitima esas estrategias hasta ahora juzgadas como menores y ataca abiertamente a otras más pretenciosas del establishment museístico incluyendo la de las copias gigantes, los libros de fotografía de serie limitada o los discursos intimo-poético-introspectivos de aquellos a los que yo con cariño e ironía denomino “los atormentados”. Y eso por no hablar de la fotografía documental, tanto nueva como clásica.

Aunque esa ventaja que tenían les ha situado en la punta de lanza a la hora de reivindicar esta nueva realidad, tengo la sensación de que al mismo tiempo también tiene sus inconvenientes. Todos ellos nacieron en una generación en la que el ordenador no era ni siquiera una posibilidad, vivieron la era pre-digital y por tanto, es normal que se alborocen al darse la vuelta a la tortilla. Como unos niños con zapatos nuevos que en vez de pensar en donde y como los van a poder utilizar, primero se centran en celebrar y analizar su llegada. Y aunque estoy convencido de que eran conscientes de que estaban dando menos importancia a aquellos autores que al mismo tiempo que se cuestionan el medio, son capaces de utilizarlo como herramienta, supongo que lo transcendente del cambio de paradigma les llevó a concentrarse en aquellos especialmente metafotográficos, una decisión que a pesar de lo que pueda parecer creo que es acertada. Ya que, vuelvo a repetir, creo que el cambio de paradigma lo merece.

El primer ordenador que llegó a mi casa era de marca Fujitsu, y diría que yo no tenía ni 14 años cuando empecé a utilizarlo. Los de mi generación somos los primeros nativos de la era digital y eso marca una diferencia. Roc Herms ha convivido con consolas y ordenadores desde pequeñito, ha jugado a rol, se le podría considerar un geek, un término totalmente ajeno a aquellos que no saben lo que fue una Sega Mega Drive. Aunque no hemos nacido con la fotografía digital e Internet a nuestro alrededor, si que muchos nos sentimos sentimentalmente unidos a la tecnología digital y a las pantallas, y por tanto no tenemos suficiente con cuestionarnos su aparición porque la sentimos propia y también queremos utilizarlas con un propósito concreto desde el principio. Como decía, Roc Herms es un nativo de la era digital y por eso no es de sorprender, que tal y como hizo en su día Edward S. Curtis con los nativos americanos, se haya embarcado en un inabarcable proyecto que consiste en documentar con un acercamiento ciertamente antropológico la vida de una comunidad concreta, en este caso intangible. Tal y como le sucedía a Curtis con el pictorialismo en su época, no es ajeno a la realidad del medio que emplea, la postfotografía, pero cuenta con la ventaja de poder cuestionarse el medio al mismo tiempo que lo emplea a la búsqueda de un objetivo o tema ya conocido y desarrollado por otros fotógrafos.



Edward S. Curtis al estilo pictorialista vs. Roc Herms al estilo Game Boy

Una imagen de una nativa americana tomada por Edward S. Curtis
vs.
una imagen de una nativa de PlayStation Home apropiada por Roc Herms

En el caso de Laia Abril, además del carácter generacional entra en juego otro factor de su biografía especialmente relevante en relación a la postfotografía. Hace pocos días me comentaba que a raíz de la exposición y de la charlas y conversaciones que hemos tenido estos días, por fin había conseguido reconciliarse consigo misma, ya que estas nuevas prácticas (como explicaba en uno de los puntos del resumen del decálogo de Fontcuberta) no sancionan la figura del editor, faceta que Abril ha compaginado con la realización de fotografías en la revista Colors desde hace varios años, sino que lo reivindican como autor. Esta nueva realidad le ha permitido superar de una vez por todas una lucha interna en la que Laia resistía acosada por un contexto fotográfico en el que el editor en ningún caso, debía ser considerado autor. Solo quiero apuntar que esta aceptación de su  doble capacidad como editora-creadora de imágenes sucedió hace pocos días, por lo que en el trabajo que presenta aquí aún se puede vislumbrar su lucha interna, ya que a pesar de apropiarse de imágenes cumpliendo la faceta la editora, aún necesitaba justificar su estatus de fotógrafa, dejando bien visibles aquellos signos que demostraban que ella había apretado algún botón en forma de reencuadres o texturas de la pantalla del ordenador que demostraban el uso de una cámara.


Captura de pantalla del blog de la revista Colors donde Laia Abril deja claro
que su relación con la edición viene de muy lejos.


Para acabar, solo me falta decir que la suma de la tecnología digital e Internet, sin olvidarnos tampoco de las costumbres de consumo y comunicación de la sociedad de hoy en día, han colocado a la fotografía en una posición en la que nunca antes había estado. Y aunque, como decía anteriormente, creo que la mayoría de los participantes en esta exposición solo se han centrado en representar el gran cambio de paradigma (la fotografía como motivo), tanto Roc Herms como Laia Abril sí que creo que han dado un paso más allá, buscando un nuevo espacio para los fotógrafos que ofrece algo más que su mera utilización práctica que ya desarrolla todo el mundo (la fotografía como herramienta), y han encontrado un nuevo, inexplorado y fértil espacio donde la fotografía es motivo y herramienta al mismo tiempo.


Quiero agradecer a los que, a pesar del mal tiempo, asistieron a la charla y participaron en la interesante conversación que se generó con el público. También quiero agradecer mi participación en las actividades paralelas de la exposición a Tanit Plana, ha sido un honor para mi poder ofrecer mi punto de vista en el marco de una muestra tan interesante e innovadora.

Roc Herms

Entre unas cosas y otras últimamente no he tenido el tiempo suficiente como para rematar varios textos que tengo a medias. Pero como una de esas cosas que me ha tenido ocupado es precisamente un pequeño escrito sobre el trabajo de mi amigo Roc Herms, que él mismo me pidió a raíz de su participación en la exposición From Here On, aprovecho para colgarlo y demostrar así que no me olvido de este blog:


Frente a la gran revolución tecnológica y crisis deontológica que vive la fotografía a día de hoy, suelen aparecer dos posturas extremas y enfrentadas. Por un lado están aquellos que defienden la definición más clásica y ortodoxa de la fotografía, en la que ni siquiera la escenificación o la apropiación tienen cabida. Mientras que por otro están aquellos que celebran y promueven cualquier nueva frontera transgredida, aún y cuando los objetivos que persigue no están del todo claros. A medio camino entre ambas posturas, mayoritariamente más cerca de la primera, es donde se pasea la mayor parte de los practicantes y estudiosos del medio. Analizar la práctica fotográfica de Roc Herms nos puede servir estupendamente para entender y recorrer ese periplo de lado a lado, sin llegar a tocar ninguno de los dos extremos. 



Además del cuestionamiento del medio fotográfico y su debilidad por la tecnología, Herms también muestra un interés reiterado por las identidades colectivas minoritarias. Como bien se puede ver en un poster que cuelga en el salón de su casa (realizado por una de las celebridades geeks de Internet), las hoy denominadas comunidades han sido y son motivo de documentación por parte del fotógrafo catalán. Desde el proyecto que realizó en 2007 con el que estuvo seleccionado en la convocatoria Descubrimientos de PhotoEspaña en el que presentaba “a un gigante dormido que cuando despierte temblará el mundo”, como era China en aquel momento. Pasando por la documentación de una de las raves (fiestas generalmente ilegales en las que la música electrónica y el baile son los protagonistas) más multitudinarias como el AntiSonar de Barcelona. Hasta llegar a su trabajo sobre la Campus Party, una convención anual en la que miles de personas y sus respectivos ordenadores se re-unían en red durante una larga semana para, entre otras cosas, aprovechar al máximo los 100Mb/s de velocidad de descarga.

A pesar de que en alguno de estos trabajos iniciales de Herms se pueden intuir los primeros pasos hacia un nuevo tipo de documentación con la que rebasar los límites del fotoperiodismo, en muchos de ellos el fotógrafo aún busca pasar desapercibido, intentando ofrecer al espectador una ventana por la que poder vislumbrar una realidad objetiva, concreta y directa. Exceptuando quizás el proyecto sobre el gigante asiático, su trabajo se centra en aquellos grupos sociales de los que el autor ha formado parte, aunque paradójicamente no busca la narración en primera persona, sino que se presenta como un observador externo. Son imágenes de grupos que él conoce bien, de los que incluso ha llegado a ser una figura destacada, como es el caso de su trabajo sobre los jugadores del juego de estrategia Magic the Gathering (llegó al top ten mundial), pero en el que lejos de mostrar su punto de vista sobre esa subcultura, ofrece una visión lo más documental e incluso tipológica posible, orquestando una catalogación de jugadores en la que, sí, se incluye, pero solamente como uno más.

Aquí podemos ver a un Roc Herms ya sin parche en el ojo, aunque todavía
imberbe, demostrando sus habilidades como uno de los mejores jugadores
 de Magic The Gathering del mundo 

Aún viniendo de ese camino estrictamente documental, el gran cambio tecnológico que supuso la llegada de la fotografía digital incrustada en los teléfonos móviles y la itinerancia ilimitada que ofrece Internet, fue para Roc muchísimo menos traumática que para el resto. Incluso diría que fue liberadora, ya que aunque esa querencia humanista por las subculturas tecnológicas sigue existiendo y su trabajo sigue siendo documental, le ha abierto la puerta a experimentar fuera de las normas preestablecidas en la ortodoxia fotográfica. Las relaciones personales y cercanas que vive con regocijo a través de Internet han sido motivo de experimentos como Game Boy People o Facebookcidades, donde no solo abraza la subjetividad, sino que se coloca en el centro mismo de su trabajo, mostrando representaciones gráficas y fotográficas de los que le rodean y se relacionan con él a través de cables y ondas. 



Es en ese momento en el que aparece Home, una plataforma virtual de la consola PlayStation en la que millones de personas construyen su identidad, interactúan y, tal y como Herms ha documentado, van a misa, publican revistas o inauguran exposiciones. Es en ese momento, decía, en el que ese mundo virtual se le presenta como una oportunidad de oro para poder aunar su interés por las comunidades minoritarias, su pasión por la tecnología y su necesidad de dar un paso más allá en la práctica fotográfica. Y es por eso que Postcards from Home, es el trabajo más ambicioso de Roc Herms, ya que le permite atacar los diferentes objetivos que tenía fijados al unísono, matando a todos los pájaros de un solo tiro. 



Es allí donde ha encontrado a personajes como Joanna Dark (merece la pena leerse la entrevista entera para entender como se sacan fotos en Home), seudónimo de alguien que en su vida virtual se viste y fotografía con múltiples conjuntos que compra con dinero contante y sonante, para luego compartir esas imágenes con cientos de chicas en foros de Internet que utilizan como plataforma para debatir sobre la moda no tangible. U otros como Darth Granny, una sexagenaria residente en Hawaii que compatibiliza dos cuentas y 18 avatares que le permiten “la oportunidad de ser cualquiera; cualquier cosa, cualquier edad, raza, color, tamaño, etc.”, al mismo tiempo que escribe para una revista que se publica exclusivamente en Home. O a los Homelings, lo más cercano a una secta propia de la comunidad online, fundada por un militar del ejercito de los Estados Unidos en activo que es conocido entre sus acólitos bajo el seudónimo de Mother, y que organizan exposiciones y realizan rituales virtuales con nombres tan sugerentes como las Dramatic Walks.

Los Homelings en una de sus "procesiones"



Todos esos personajes y muchísimos más son los que se pueden encontrar buceando en su extenso proyecto Postcards From Home; ellos son los le han permitido a Roc Herms seguir avanzando en su afán de investigar, catalogar y representar en primera persona esas nuevas sociedades paralelas. Un objetivo que consigue cumplir a través de fotografías al estilo puramente documental, en las que lejos de ocultarse como hacía en sus inicios, Herms se ofrece como guía en primera persona. Es su avatar el que nos ayuda a comprender ese mundo virtual en el que las palabras son visibles y fotografiables, cumpliendo por arte y gracia de los programadores y diseñadores informáticos de Home un sueño que todos hemos tenido alguna vez. Fotografiando sus encuentros y con entrevistas directas y sencillas nos permite profundizar en las personas e ideas que existen dentro de sus avatares, sin tampoco dejar de lado todo tipo de documentos como emails, capturas de pantalla o conversaciones en chats, con las que trata de mostrarnos como la tecnología ofrece nuevas posibilidades en las relaciones sociales antes inimaginables.

 

En definitiva, el trabajo de oRcstaR (su seudónimo en Home) parte de la base de la fotografía documental, de su profundo conocimiento de las comunidades minoritarias y de su innata curiosidad por las nuevas tecnologías, para presentar un trabajo en el que nos invita a acompañarle y sumergirnos en esos mundos virtuales, que ya podríamos empezar también a llamar reales.

-oRcstaR: What do you like from this virtual world?
-JungleJimmyPants: man this is real.

Cristina de Middel interview- Entrevista a Cristina de Middel (Have a Nice Book)

This is an interview that I did with Cristina de Middel for Have a Nice Book. I want to congratulate both Salva López and Yosigo for the great website (and really useful for photography teachers as me) that they are running, and also Cristina for totally deserved recognition that her work is getting. It is a real pleasure for me to be in touch with people like them.

Aprovecho esta entrevista que le hice a Cristina de Middel para Have a Nice Book para colgarla también aquí en el blog y felicitarles, a Salva López y a Yosigo por la estupenda (y muy util para los que trabajamos dando clases) iniciativa que es HANB, y a Cristina por el muy merecido reconocimiento que está recibiendo su trabajo. Es un gusto estar cerca de esta gente.

Ver entrevista en español


Cristina de Middel // The Afronauts from haveanicebook on Vimeo.


Afronauts by Cristina de Middel has been a success beyond doubt that has deserved the recognition of photobook’s world gurus such as John Gossage or Martin Parr. Recreates an eccentric space program conducted in 1964 by a Zambian junior-high school professor, that without much success, sought funding and trained a few locals and a cat to send them into space. For that matter, the book, in addition to the photographs shot by De Middel, includes facsimiles of various documents, archive photographs and beautiful illustrations hand-drawn by the author. We are talking about a publication of impeccable funding, partly thanks to the exhibitions program of La Kursala hall from the University of Cadiz and the financing for the catalogs production for these exhibitions, and on the other hand, to the economical investment by the author herself. The book has been selected as one of the best twenty “First Photobook” from the awards called out by ParisPhoto/Aperture and everything points that it will be listed in the “best books of the year” lists as well. This very week, thanks to this work, Cristina has been nominated to the prestigious Deutsche Börse Prize 2013 among other innovating featured photographers such as Mishka Henner, Adam Broomberg & Oliver Chanarin and Chris Killip.


What was the starting point since you came up with the project, what were the different stages and how long did you take to finish it?
The first Photo session for The Afronauts was in January 2011 and the book was printed in may 2012. That’s 17 months from the original idea to the final result. I have to say that everything happened in a very natural way because the chance to build the book (the excuse for doing it) came when I was starting to feel that I was almost done with the images. I knew that I wanted to tell the story with a book because I needed to insert many peripheral documents in charge of the veracity load of the story, and this possibility just appeared with the Kursala. It gave me a deadline and I work much better under pressure. With the book conception began a new a completely different phase of the Project. Laia Abril, Ramon Pez and I became a crazy and playful working team for 4 months until we were all satisfied with the result. Probably the most enriching experience I’ve had as a professional so far.


What would you say were the highlights in this process, both for the good and for the bad?
Well, for me, the most impressive moment was when I saw the first mock up. Laia and Ramon are still laughing about it because I was very impressed and it was just the pictures put together in a PDF with the sizes we had decided. Just the basic document in which we were going to start working, but for me it was already amazing! It meant the materialization of a project that I had just imagined until then and I could realize the potential it had as a book.

Then came many decisions that broke a lot of boundaries we had regarding what’s to be expected from a photo book. The drawings in black and white, the design of the cover without any information on it (not even my name or the title) and also the solution that Laia found with a double page spread that unfolds. It was a very strong image, almost iconic of the whole project, but in terms of sequence it was very hard to include it.

Then I guess the hardest part has been to organize the workflow between us. I was in London, Laia in Barcelona and Ramon in Italy and the three of us very busy with other projects so it meant a big effort, extra hours and late night skype meetings. At the end we were all exhausted and that is something we should try to control in the next project.


When did you decide that it should be a book and how did that affect to the development of the project and the final result?
I knew that I needed a book since the beginning. It was the only way I could include all the documents that for me are as important as the images. What I didn’t know is when this was going to happen, so when Kursala knocked my door, my production speeded up. I organized everything in order to make as many images as I could before the end of the year, which was the date in which Laia, and Ramon started to be more “available”.



I suppose that you’ve heard or read more than one saying that Afronauts is a project that gains a lot as a book. Do you agree with this affirmation?
I couldn’t agree more. The complete project, as I told before, was conceived as a book from the beginning: It needed a book. What happened is that I started showing the images as a series before because I needed to find funding. I submitted “The Afronauts” as a series of 20 images to many contests and it went out pretty well. In that sense it is a strategy that I may repeat in the future. I don’t mind to share my projects at different stages of production.

Regarding the production of the book, the art direction is done by Ramon Pez and Laia Abril, and the edition was also been done by Laia. Can you explain how did you develop the book, and what hierarchy was set among you for making decisions? What influence do you think it had the fact that the three of you are good friends for the production of the book?
I wouldn’t use hierarchy to refer to the relationship we built during this period. I think everything went out well because we respected each other’s areas but at the same time we felt free to give our opinion or make suggestions amongst us. I think we were all very flexible and it became like a game because everything was possible. We were not scared to propose crazy ideas and the results that were coming out were so exciting that I think that we might maintain that philosophy for the next project.


When you have to put Afronauts hanging in the wall, how do you propose the exhibition? Does it include the facsimiles of the documents included in the book and/or other items?
Yes, definitely. These days I am designing the exhibition at La New Gallery that will open at the end of November. There are as many enlarged documents as images from the series. My priority, as with the book, is to make the story understood and I need to include all these documents to be successful. The solutions we found when doing the book are being very helpful in this process…it is just a translation from 2 dimensions to 3 dimensions. Funny.


It’s inevitable the relationship between this work with some of the projects by Joan Fontcuberta, to what extent you believe that the shadow of this reference is present? And if so, do you feel it positive, negative or both?
Thank you for asking me that ;-)

I know. It’s impossible not to make the relation but I have to say that there is no conscious or formal intention on that. I arrived to that “field” of photography that plays with the audience as a reaction to my years as a photojournalist and because it was something I needed to do: breaking the binomial photographic-document. I think Fontcuberta started that same path long ago, maybe as a reaction from his advertising background… Could be. I think we both have things to say on how the published image is consumed. In any case I believe he is one of the most interesting creators we have nowadays and any inspiration or referent coming from him could only be positive….and the comparison really flattering, actually.


Although the whole project is based upon a true story, the endearing and funny aspects of the book makes me wonder if some Africans, (or Zambians in this case) would feel wounded on their identity precisely because of that somewhat stereotypical view that us from Occident have about the Third World. Have you encountered, or do you think you'll get that complaint? And if so, what would be your reaction before it?
This is something I’ve always been very careful with. This project is mainly about the prejudices that we (the first world) have towards Africa as a result of the image that media have been conveying for years. I wanted to raise the debate and in order to do that; I needed to give a very different image of Africa or an extremely exaggerated one. It could not be the standard way of telling stories coming from there. I created a dreamy imagery but always asking the models to behave seriously, because the Zambians that were training to go to the moon believed this could be done. I needed to approach this story from their point of view pointing on their effort, passion and commitment and not judging.

I received a lot of emails from African people and all of them sharing a very positive feedback. I was even contacted by people from the Nigerian Space Program that loved the series.

Still, when the story has been published in some digital editions of newspapers that just focus on how funny the idea of Africans in the moon sound, I have read comments that are not very easy to digest…but at least the debate is served in the forums which is what I wanted from the beginning.



As a result of the project´s good acceptance in different contests and calls, you’ve been practically around the world until the last summer. The book’s success has been demonstrated with the big welcome in the anglo-saxon world, which is nowadays the one who dictates the guidelines in the little niche of photographic books. I have the feeling that Europe usually likes more conceptual cutting jobs, while in America they feel more attracted to formal aspects. We only have to take a look at different books about dutch or swiss books (not to mention the latinamerican ones) that had been published lately and compare those reference books with the considered “best books of history” by America. Have you noticed this difference in regard to Afronauts acceptance in different countries? Do you think that the book is or will be better welcomed in the USA than in Europe?
Honestly, I haven’t found the time to analyze what happened exactly with the selling of the book and where it has been more successful. Yet, I am sure that I’ve sold more books in Europe than in the US so I don’t think I agree with what you say in my case. But then I would have to decide if my book is more conceptual or more formal, which I am not sure I can decide. The truth is that I think the photobook community has overcome old clichés concerning what is a “popular” photobook and I don’t believe the idea of the “more conceptual Europe” and the “more superficial America” is valid anymore. But that’s my opinion and I am not as passionate for photobooks as you are ;-)

Regarding Spain, how was the acceptance and what are the trends around here?
In Spain, it’s been weird. At the beginning nobody seemed to support neither the project nor the book because it was maybe hard to understand (is it conceptual then?) but then when it was given some recognition abroad the interest rose.

Regarding the trends I think there is not a strong line that people just follow. I believe photographers are being very honest with what they have to say to the world: no matter if it is a personal and intimate project or a strong opinion on the terrible situation the country is facing. I would not say there is a Spanish School of Photobooks now…we’re just learning and experimenting. A lot!


Continuing with the photography book’s publication in Spain, the vast majority of which we are around the photography books here, are very happy and proud to see that finally the works of the local artists succeeds beyond our borders, as in your case or Eloi Gimeno´s Helsinki, Julián Barón´s CENSURA or Ricardo Cases´s Paloma al Aire. What would you think is the reason for this sudden boom in Spain, and if you think it´ll continue?
I think this is the direct consequence of the changes in the editorial market and how easy it is, with Internet, to promote and sell your book. Also the fact that Spanish books are now internationally considered is because some years ago, Spanish Photography took a step forward and a new generation of photographers, more aware of what‘s happening outside of our borders, arrived with a lot of energy. First it came with very interesting projects, new and very interesting approaches, then naturally, the books arrived.

Now, the next step would be to get some support from Spanish institutions (that keep on focusing on the previous generation) instead of having to export these amazing results to other countries. But, sadly, it doesn’t look like this is going to happen anytime soon.


Despite that in Spain the change is more noticeable because we’ve been through from nothing, to have at least one book among the best books in the last two years, it is unquestionable that this raising tendency is global. Before publishing the book, Did you follow closely that boom of worldwide publications? Do you do it now? What opinion deserves and what future can you foretell?
The truth is that I always try to keep a distance from what is being done. I don’t need to see other photobooks…I even prefer not to see any at all, especially when I am working on something because I have the feeling that I get contaminated :-) Other books are other’s solutions to given problems…I prefer to be given problems in terms of creativity and then find my own solution. That doesn’t mean I don’t have my small collection of photobooks, but I have them more as objects rather than books. So I contribute to this frantic rise of the popularity of the photobook and I am very happy about it, but I may be living it in a different way.

And for the future: I think this has just started! There are so many things to re-consider and play with, that the photobook may become one of the most active fields of creativity research in photography…together with interactive design.



If we compare this project with your past works, despite some of them had been already a book, I would say that your way of thinking and practicing photography is a 360 degrees turn, how did you come to that change and what are your conclusions?
Until “The Afronauts” (even before, until “Life and miracles of Paula P.” and “Polyspam”) I had a strong respect for the photographic image and the truth that it conveyed. I was a photojournalist and I needed to believe in that unbreakable link. But I think I suffered negatively from the effects of the Paulov experiment.

When you make an effort (and I was doing much) you need results, and as a photojournalist the expected results were some sort of improvement of the world we live in. When I could understand the structure of the media I realized that this was never going to happen and I decided to take my personal and therapeutic revenge. I stated deliberately breaking the rules of veracity and consistency and I ended up staging pictures of a Zambian Space Program in my hometown.

This process has been by far the most significant step forward in my commitment with photography because I feel now completely comfortable with what I say…I do no longer have to pretend that my work is important for any reason, it’s just necessary and inevitable….for me.


Do you believe you'll keep on that path in future projects? Do you already have one in progress?
Yes, even if I keep doing commercial and editorial assignments these are only tools to fund new projects that follow that path. I am working together with Laia Abril on a new project that will result in a book also designed by Ramon Pez.

I cannot tell you more, because it’s a secret ;-) but it’s ten times more exciting than “The Afronauts” and a big challenge for both of us because we are producing the images together and we are very different photographers. Again, lots of learning for me.


At this point, is there anything you’d change or make corrections in the project in general or the book in particular?
Not yet. Maybe the deadlines…I would have pushed them a little bit back in order to be more relaxed when designing the book.


What’s the most rewarding thing the book gave to you so far?
The chance to meet A LOT of interesting people more or less related to the photo world and also, and in a more personal level, the conviction that if you are honest and work hard you get good results.

Translator: Gustavo Adachi



El libro Afronautas de Cristina de Middel ha sido todo un éxito incuestionable que ha merecido las felicitaciones de los gurús del mundo del fotolibro, como son John Gossage o Martin Parr. Recrea un excéntrico programa espacial dirigido en 1964 por un profesor de secundaria zambiano, que sin demasiado éxito, buscó financiación y entrenó a unos cuantos lugareños y a un gato para mandarlos al espacio. Para ello el libro incluye, además de las fotografías realizadas por De Middel, supuestos facsímiles de diferentes documentos, fotografías de archivo y preciosos dibujos realizados por la autora. Se trata de una publicación de una factura impecable, financiado en parte gracias al programa de exposiciones de la sala Kursala de la Universidad de Cádiz y al dinero que destinan a la producción de catálogos para dichas exposiciones. Y por otro lado, a la inversión económica de la propia autora. El libro ha sido seleccionado como uno de los veinte Mejores Primeros Libros del premio que convocan Paris Photo y Aperture y todo apunta a que también estará en las listas de los mejores libros del año. Esta misma semana, gracias a este trabajo, Cristina ha sido nominada para el prestigioso Deutsche Börse Prize 2013 junto a otros destacados innovadores fotógrafos como son Mishka Henner, Adam Broomberg & Oliver Chanarin y Chris Killip.

¿Cual fue el punto de partida desde el que surgió el proyecto, cuales fueron las diferentes fases y cuanto tiempo te llevó acabarlo?
La primera sesión de fotos para Los Afronautas fue en enero del 2011 y el libro se imprimió en mayo del 2012. Eso son diecisiete meses desde la idea original hasta el resultado final. Tengo que decir que todo sucedió de manera natural porque la oportunidad de hacer el libro (la excusa para hacerlo) llegó cuando yo empezaba a sentir que ya casi había acabado con las imágenes. Sabía que quería contar la historia en forma de libro porque necesitaba incluir muchos documentos periféricos para reforzar la carga verídica de la historia, y esa oportunidad surgió con la Kursala. Estableció una fecha límite y yo trabajo mucho mejor bajo presión. Con la concepción del libro empezó una fase del proyecto completamente nueva y diferente. Laia Abril, Ramón Pez y yo nos transformamos en un equipo de trabajo loco y divertido durante cuatro meses hasta que todos estuvimos satisfechos con el resultado. Probablemente fue la experiencia profesional más enriquecedora que he vivido como profesional hasta ahora.


¿Cuáles dirías que fueron los puntos álgidos de ese proceso, tanto para bien como para mal?
Para mi el momento más emocionante fue cuando vi la primera maqueta. Laia y Ramón todavía se ríen de aquello porque yo estaba muy impresionada y solo eran las fotos puestas en un PDF a los tamaños que habíamos decidido. Era solo el documento básico sobre el que íbamos a empezar a trabajar, pero para mi eso ya era increíble! Significaba la materialización de un proyecto que yo solo había podido imaginar hasta entonces y ahí empecé a entender el potencial que tenía como libro.

Entonces llegaron muchas decisiones que rompieron los límites que teníamos en cuanto a qué es lo se espera de un libro de fotografía. Los dibujos en blanco y negro, el diseño de la portada sin ningún tipo de información (ni mi nombre, ni el título) y la solución que encontró Laia con el desplegable a doble página. Esa era una imagen muy potente, casi funciona como el icono de todo el proyecto, pero en cuanto a la secuenciación resultaba muy complicado incluirla.

Supongo que lo más difícil ha sido organizar el proceso de trabajo entre nosotros. Yo estaba en Londres, Laia en Barcelona y Ramón en Italia y los tres estábamos muy ocupados con otros proyectos por lo que supuso un gran esfuerzo, horas extra y encuentros nocturnos por Skype. Al final los tres estábamos exhaustos, eso es algo que debemos intentar controlar en el próximo proyecto.


¿Cuándo tomaste la decisión de que debía ser un libro y de qué manera afectó eso al desarrollo del trabajo y al resultado final?
Supe que necesitaba un libro desde el principio. Era la única manera en la que yo podía incluir todos los documentos que para mi son tan importantes como las imágenes. Lo que no sabía era cuando eso iba a suceder, así que cuando Kursala tocó mi puerta la producción se aceleró. Organicé todo para hacer el máximo posible de imágenes antes de fin de año, que era la fecha en la que Laia y Ramón iban a estar más “disponibles”.


Supongo que ya has leído o escuchado a más de uno decir que Afronautas es un proyecto que gana en libro ¿estás de acuerdo con esa afirmación?
No puedo estar más de acuerdo. Todo el proyecto, como decía antes, fue concebido como un libro desde el principio: necesitaba un libro. Lo que pasó es que empecé a enseñar las imágenes antes porque necesitaba financiación. Envié “Los Afronautas” como una serie de veinte imágenes a muchas convocatorias y funcionó bastante bien. En ese sentido es una estrategia que puede que repita en el futuro. No me importa compartir mis proyectos en las diferentes fases de producción.


En la realización del libro la dirección de arte corre a cargo de Ramón Pez y Laia Abril, y la edición la ha llevado también Laia. ¿Puedes explicar como desarrollasteis el libro y que jerarquías tenías establecidas entre vosotros para la toma de decisiones? ¿Qué influencia crees que ha tenido el hecho de los tres seáis muy amigos para la realización del libro?
No utilizaría la palabra jerarquía para referirme a la relación que construimos durante ese periodo. Creo que todo fue muy bien porque cada uno respetó el espacio de los demás pero al mismo tiempo podíamos dar nuestra opinión o hacer sugerencias. Creo que todos fuimos muy flexibles y se convirtió en algo parecido a un juego, porque todo era posible. No nos asustaba proponer ideas descabelladas y los resultados que obtuvimos fueron tan emocionantes que creo que mantendremos esa filosofía para el próximo proyecto.


A la hora de pasar los Afronautas a la pared ¿Como se plantea la exposición? ¿Incluye los facsímiles de documentos que podemos encontrar en el libro o otros objetos?
Sí, sin lugar a dudas. Ahora estoy diseñando la exposición para La New Gallery que se inaugurará a finales de noviembre. Habrá tantos documentos ampliados como fotografías de la serie. Mi prioridad, tal y como sucede en el libro, es que la historia se comprenda y necesito incluir todos esos documentos para lograrlo. Las soluciones que encontramos mientras hacíamos el libro están siendo de mucha ayuda con el proceso... es una translación desde las dos a las tres dimensiones. Es divertido.



Es inevitable la relación de este trabajo con algunos de los proyectos de Joan Fontcuberta, ¿hasta que punto crees que la sombra de esa referencia está presente? Y en tal caso ¿la sientes como positiva y/o negativa?
Gracias por hacerme esta pregunta ;-)

Lo sé. Es imposible no hacer la relación pero tengo que decir que no hay una decisión consciente o formal en ello. Llegué a ese “campo” de la fotografía que juega con la audiencia como una reacción a mis años como fotoperiodista y porque era algo que necesitaba hacer: romper el binomio fotografía-documento. Creo que Fontcuberta emprendió ese camino hace mucho tiempo, quizás reaccionando desde su experiencia en la publicidad... Puede ser. Creo que ambos tenemos cosas que decir sobre como la imagen publicada se consume. En cualquier caso creo que él es uno de los creadores más interesantes que hay hoy en día y cualquier inspiración o referentes que vengan de él solo pueden ser positivos....esa comparación es todo un halago para mi en realidad.


A pesar de que todo el proyecto parte de una historia verídica, el punto entrañable y cómico que tiene el libro me hace preguntarme si algún africano, o zambiano en este caso, se sentirá herido en su identidad justamente por esa visión hasta cierto punto estereotípica que desde occidente aplicamos hacia el tercer mundo. ¿Te has encontrado o crees que te encontrarás con esa queja y en tal caso, cual sería tu reacción ante ella?
Esto es algo con lo que siempre he sido muy cuidadosa. Este proyecto trata fundamentalmente sobre los prejuicios que nosotros (el primer mudo) tenemos sobre África como resultado de una imagen que los medios de comunicación han estado transmitiendo durante años. Yo quería dar protagonismo al debate y con esa intención, necesitaba dar una imagen muy diferente de África o una extremadamente exagerada. No podía ser la manera habitual que tenemos de contar las cosas viniendo de ahí. Creé una imaginería de fantasía pero siempre pidiendo a los modelos que se comportarán con seriedad, porque los zambianos que se estuvieron entrenando para ir a la luna creían que aquello era posible. Necesitaba encarar esta historia desde su punto de vista en el esfuerzo, la pasión y el compromiso y sin prejuicios.

He recibido mucho emails de africanos y todo ellos compartían conmigo reacciones muy positivas. Incluso me contactaron desde el Programa Espacial Nigeriano diciendo que les encantaba la serie.

A pesar de eso, cuando la historia se ha publicado en algunas ediciones digitales de periódicos que solo se centraban en qué divertida suena la idea de que Africanos vayan a la luna, la verdad es que me ha tocado leer comentarios que no son fáciles de digerir...pero por lo menos el debate está servido en los foros, cosa que yo buscaba desde el principio.


A raíz de la buena aceptación del proyecto en diferentes concursos y convocatorias, estuviste dando prácticamente la vuelta al mundo hasta el verano pasado. El éxito del libro ha quedado patente con la gran acogida que ha tenido en el mundo anglosajón, que es el que hoy en día dicta las pautas a seguir en el pequeño nicho de los libros de fotografía. Tengo la sensación que en Europa generalmente gustan trabajos de corte más conceptual, mientras que desde EEUU se suelen sentir más atraídos por los aspectos formales. No hay más que echar un vistazo a los diferentes libros sobre libros holandeses o suizos (y no digamos ya los latinoamericanos) que han salido últimamente y comparar esas publicaciones de referencia, con los considerados “mejores libros de la historia” americanos. ¿Has notado esa diferencia en relación a la aceptación de Afronautas en diferentes países?¿Crees que el libro ha tenido o tendrá mejor aceptación en EEUU que en Europa?
Sinceramente, no he tenido tiempo para analizar que ha pasado exactamente con las ventas del libro y donde ha funcionado mejor. En cualquier caso, estoy segura de que he vendido más libros en Europa que en EEUU, así que creo que no estoy de acuerdo con lo que dices en mi caso. Pero entonces debería decidir si mi libro es más conceptual o más formal, cosa que creo que yo no puedo hacer. La verdad es que yo creo que la comunidad del libro de fotografía ha superado viejos clichés en cuanto qué es un libro “popular” y no creo que la idea de una “más conceptual Europa” frente a una “más superficial EEUU” siga siendo válida. Pero esa es mi opinión y yo no soy tan apasionada de los libros de fotografía como tú ;-)


¿Y en relación a España, como ha sido la acogida y cuales crees que son las tendencias aquí?
En España ha sido raro. Al principio nadie parecía apoyar ni el proyecto ni el libro porque quizás era muy difícil de entender (es conceptual entonces?), pero cuando tuvo algo de reconocimiento en el extranjero el interés creció.

En cuanto a las tendencia no creo que haya una línea clara que siga la gente. Yo creo que los fotógrafos están siendo muy honestos con lo que quieren decir al mundo: da igual si se trata de un proyecto personal e íntimo o una opinión enérgica sobre la terrible situación a la que se está enfrentando el país. No diría que existe una Escuela Española de Libros de Fotografía hoy en día...simplemente estamos aprendiendo y experimentando. Mucho!



Siguiendo con la publicación de libros de fotografía en España, la gran mayoría de los que estamos alrededor de los libros de fotografía aquí estamos muy contentos y orgullosos al ver que por fin el trabajo de gente de aquí triunfa fuera de nuestras fronteras, como es tu caso o el de Eloi Gimeno con Hellsinki, Julián Barón con CENSURA o Ricardo Cases con Paloma al aire. ¿A que crees que se debe este súbito auge en España?¿Crees que tendrá continuidad?
Creo es la consecuencia directa de los cambios en el mercado editorial y lo fácil que es con Internet publicitar tu trabajo y vender tu libro. El hecho de que ahora los libros españoles sean internacionalmente reconocidos es porque hace unos años la fotografía española dio un paso adelante y una nueva generación de fotógrafos, mucho más atentos a lo que estaba pasando fuera de nuestras fronteras, llegaron con mucha energía. Primero llegaron proyectos muy interesantes, con puntos de vista nuevos y muy interesantes, después, como es normal, llegaron los libros. Ahora, el próximo paso debería ser conseguir apoyo de las instituciones españolas (que continúan enfocándose en las generaciones anteriores) en vez de tener que exportar estos increíbles resultados a otros países. Pero lamentablemente no parece que eso vaya a suceder a corto plazo.


A pesar de que en España el cambio es más notable porque hemos pasado de la nada, a tener al menos un libro entre los diez mejores en los dos últimos años, es indiscutible que esa tendencia al alza es global. ¿Antes de publicar el libro seguías de cerca ese auge de publicaciones mundial? ¿Lo haces ahora? ¿Qué opinión te merece y que futuro le pronosticas?
La verdad es que yo siempre trato de mantener una distancia con lo que se está haciendo. No necesito ver otros libros de fotografía... Incluso prefiero no ver ninguno en absoluto, especialmente cuando estoy trabajando en algo porque tengo la sensación de que me puedo contaminar :-) Los libros que hacen otros, dan otras soluciones a ciertos problemas... Prefiero que sean problemas en términos de creatividad a los que después yo buscaré mi propia solución. Eso no quiere decir que yo no tenga mi pequeña colección de libros de fotografía, pero los tengo más como objetos que como libros. Así que yo contribuyo a este frenético auge de la popularidad de los libros de fotografía y esto muy contenta con ello, pero quizás lo vivo de una manera diferente.

Y en cuanto al futuro: yo creo que esto solo acaba de empezar! Hay muchas cosas a reconsiderar y con las que jugar que creo que el libro de fotografía se puede convertir en uno de los campos más activos en la búsqueda de la creatividad en la fotografía...junto al diseño interactivo.


Si comparamos este proyecto con tus trabajos anteriores, a pesar de que alguno ya había sido libro, yo diría que has dado un giro de casi 360 grados en tu forma de entender y practicar la fotografía, ¿de donde surge ese cambio y a que conclusiones has llegado?
Hasta “Los Afronautas” (o incluso antes, hasta “Vida y milagros de Paula P.” y “Polyspam”) tenía un respeto muy fuerte por la imagen fotográfica y la verdad representaba. Yo era fotoperiodista y necesitaba creer en ese vínculo inquebrantable. Pero creo que sufrí de manera negativa los efectos del experimento Paulov.

Cuando haces un esfuerzo (y yo lo estaba haciendo con ahínco) necesitas resultados, y como fotoperiodista los resultados esperados se basaban en conseguir algún tipo de mejora en el mundo en el que vivimos. Cuando pude entender la estructura de los medios de comunicación, comprendí que eso nunca iba a suceder y decidí llevar a cabo mi propia venganza terapéutica. Rompí deliberadamente las leyes de la veracidad y la coherencia y acabé escenificando imágenes del Programa Espacial de Zambia en mi propia ciudad. Ese proceso ha significado el paso adelante más importante en el mi compromiso con la fotografía porque ahora me siento totalmente convencida con lo que digo...Ya no tengo que pretender que mi trabajo es importante por lo que sea, es simplemente necesario e inevitable...para mi.


¿Crees que seguirás por ese camino en proyectos futuros?¿Tienes alguno ya en proceso?
Si, aunque continuo haciendo encargos comerciales y editoriales, solo son herramientas que utilizo para financiar nuevos proyectos que siguen ese camino. Estoy trabajando con Laia Abril en un nuevo proyecto que acabará siendo un libro, también diseñado por Ramón Pez.
No te puedo decir más porque es un secreto ;-) pero es diez veces más emocionante que “Los Afronautas” y un gran reto para las dos porque estamos produciendo imágenes juntas y somos fotógrafas muy diferentes. Estoy aprendiendo mucho, otra vez.


¿A día de hoy hay algo que corregirías o cambiarías del proyecto en general o del libro en particular?
Aún no. Quizás las fechas de entrega...Las hubiera llevado un poco más atrás para poder haber diseñado el libro de forma más relajada.


¿Qué es lo más gratificante que te ha dado el libro?
La oportunidad de conocer A MUCHÍSIMA gente interesante más o menos relacionada con el mundo fotográfico y, a un nivel más personal, la convicción de que si eres honesto y trabajas duro, conseguirás buenos resultados.


Traductor: Gustavo Adachi

Los Espabilados

Llevo desde antes del verano pasado con un tema rondándome por la cabeza a raíz de varias conversaciones que he tenido con unos cuantos amigos/fotógrafos. Así que no me queda otra que escribirlo para intentar definir mi postura al respecto. He de comenzar diciendo que al sentirme de alguna manera parte de lo que voy a hablar, seguramente no tendré un punto de vista del todo objetivo. Pero en cualquier caso esto es un blog de reflexión y opinión, así que supongo que ya era de esperar...

Hace ya tiempo que creo, y no soy el único, que la fotografía en España está experimentando un crecimiento y un desarrollo nunca antes visto. Ese florecimiento se está dando especialmente en las nuevas generaciones de autores de las que me siento orgullosamente parte, a pesar de que, como decía al principio, pueda alterar mi punto de vista sobre todo el asunto. Una de las principales razones que solemos esgrimir a la hora de explicar el porqué de esa explosión es Internet y la posibilidad de interactuar y el acceso a información que ofrece. Pero creo que no se trata tanto de la capacidad de compartir esa información, sino de la actitud con la que aprovechamos esa posibilidad. Los colectivos, talleres, festivales, revistas, webs etc. se crean y funcionan no sólo porque Internet nos lo ha permitido, sino porque nosotros hemos sabido aprovechar esa oportunidad. Al mismo tiempo la sensación de que la organización de la industria de la fotografía está anquilosada, las mínimas oportunidades que se ofrecen a los recién llegados y el inmovilismo que eso ha generado tampoco nos dejaba mucho más espacio que éste, la red, para poder mostrarnos, comunicarnos y organizarnos.

Para acotar de alguna manera esa nueva generación, diría que va desde los que hoy son estudiantes de fotografía hasta algunos de los ya consagrados que no tienen complejos a la hora de estar atentos y absorber lo que viene. El manual dice que para poder proclamar la existencia de una nueva generación, es inevitable la ruptura con la anterior. Intentaré no expandirme demasiado en esto pero creo que es importante hacer aquí un alto en el camino para intentar entender qué es lo que ha fallado hasta ahora en los diferentes cambios generacionales que se han vivido en el mundo de la fotografía en España para que este fenómeno no sucediese antes. Para ello recomiendo la lectura de un libro y un catálogo, ambas publicaciones que me llegaron recomendadas por Paco Navamuel, a quién se lo agradezco. Por un lado está “CT o la Cultura de la Transición”, un interesante ensayo pro 15M que critica la gestión de la cultura desde la transición hasta nuestros días y cómo los nuevos movimientos sociales y el impacto de la nuevas tecnologías y métodos de comunicación están cambiando esa gestión – y además la foto de portada del libro es de Txema Salvans. El libro está directamente conectado con lo que comentaba antes sobre aprovechar lo que nos ha ofrecido Internet y además toma como base una idea muy clarificadora a la hora de entender el inmovilismo en el que ha estado metida hasta hace bien poco la cultura en este país. Resumiendo demasiado, los diferentes autores del libro esgrimen que forzados por el obligado olvido y perdón de los horrores de la guerra civil sobre los que se construyó la transición, desde entonces se creó, ensalzó y defendió contra viento y marea a aquellos actores de la cultura que menos incordiaban al nuevo equilibrio político bipartidista instaurado. Y no sólo eso, con tal de que todos estuviésemos unidos y ante el temor de que cualquier crítica pudiese alimentar que sucesos como el intento de golpe de estado del 23F volviesen a suceder, se redefinió el término “cultura” en función de los intereses que defendían – y aún defienden – esos partidos y poderes económicos para no desestabilizar el precario equilibrio. Eso permitió que ciertos autores arropados por esos poderes políticos y económicos fueran ensalzados y protegidos hasta puntos en los que cualquier otra propuesta – y ojo no que no hablo sólo de posturas ideológicas, también hablo de estéticas – no tuviera cabida. El ejemplo más claro y obsceno en cuanto a la protección política de la industria cultural se refiere lo protagonizó la SGAE, cuyo final gracias a la presión y las denuncias lanzadas desde la red, todos conocemos. Siendo como soy un euskaldun establecido durante varios años en Barcelona, he de decir que esta “Cultura de la Transición” también la han instaurado los partidos nacionalistas tanto catalanes como vascos, tirando cada uno para su tierra en cada caso, como no podía ser de otra manera.

Portada del libro con la foto de Txema Salvans

Centrándonos ya en el ámbito fotográfico – esta es la segunda publicación recomendada por Paco y sobre la que ayer publicó el primero de cuatro artículos en su blog A Sangre que recomiendo leer –, si queremos atisbar que ha pasado en la escena fotográfica de los últimos 40 años y cuál ha sido la relación entre los autores establecidos y los más jóvenes, encuentro muy clarificadora la transcripción de la mesa redonda moderada por Humberto Rivas en la que participaron fotógrafos, profesores, galeristas y comisarios como David Balsells, Victoria Combalia, Joan Fontcuberta, Pere Formiguera, Manel Úbeda, Fina Furiol, Daniel Giralt-Miracle y María Teresa Molina que se realizó a puerta cerrada – un error a mi juicio – con motivo de la exposición “Joves Fotografs” en Barcelona en 1986, y que aparece publicada en el catálogo de dicha muestra financiada por La Caixa de Pensions. El segundo error, garrafal en este caso aunque tampoco sé los motivos que les llevaron a plantear la charla de ese modo, es que de esos nueve nombres sólo una estaba en calidad de “jove fotograf”, teniendo que enfrentarse María Teresa Molina ella sola al resto de nombres que para aquella época ya estaban establecidos y reconocidos en el mundillo fotográfico catalán. Y cuando digo enfrentarse, muy a mi pesar, no lo digo de una manera metafórica, porque la transcripción no deja lugar a dudas. Resumiendo mucho, los establecidos echan en cara a los jóvenes el ser demasiado continuistas y poco espabilados, tal y como dice Joan Fontcuberta:

“...no estoy de acuerdo en que no se diera facilidades a los jóvenes. Los jóvenes no tienen que esperar que les lluevan las oportunidades del cielo, tienen que espabilarse como nosotros...”

A lo que María Teresa Molina responde:

“...quiero responder a Joan Fontcuberta y decirle que nosotros nos movimos muchísimo y tuvimos grandes dificultades, por ejemplo con Giralt-Miracle no hubo manera de contactar...”

Este pequeño rifirrafe sucede en el momento álgido de la mesa redonda, donde también se habla de otros temas como la educación, el acceso al mercado del arte o el continuismo de la nuevas generaciones y creo que resume en gran medida el grandísimo error en el que se ha caído una y otra vez en el mundo de la fotografía en España. Por un lado puedo aceptar que no ha habido relevo generacional de ningún tipo en los últimos 30 años, porque quizás ni siquiera ha habido una hornada con un trabajo lo suficientemente rupturista, potente y/o específico como para ser señalado. Pero a eso también le añadiría la sensación de que la frase que citaba anteriormente, y que con una brutal sinceridad suelta Fontcuberta, ha sido una idea muy extendida entre los fotógrafos consagrados en España. Y aunque no creo que sea esa la única razón para entender porque aquí se ha tardado tanto en ensanchar y diversificar el uso de la fotografía, si que creo que tiene su importancia. Me da la sensación de que a ninguno de ellos se les ocurrió que sumando a nuevos autores con diferentes puntos de vista a la escena del país se podía enriquecer – tanto temática como económicamente – el medio. Hasta ahora la fotografía española se ha vinculado a un reducido número de nombres que se han repetido invariablemente a lo largo de los últimos años. No seré yo quién discuta la importancia del trabajo de los García-Alix, Isabel Muñoz, Ouka Lele o Chema Madoz por poner algunos ejemplos. Pero habría que tener en cuenta que el hecho de que a ese grupo se les sumen nuevos autores con nuevas visiones y prácticas fotográficas no les va hacer ningún mal, sino todo lo contrario. Van a abrir el arco de posibilidades, por lo que en consecuencia la gente que se va a poder sentir atraída por la fotografía va a ser mayor y más diversa, con lo que todos salimos ganando. Incluso ellos. Sé que los fotógrafos consagrados no tienen la responsabilidad sobre la gestión de la fotografía en España. Las empresas privadas y especialmente las instituciones públicas que se dedican al medio son mucho más responsables. Pero de algún modo, si que creo que tienen un especie de deuda moral que debería ir más allá del “tonto el último” que han estado aplicando, algo así como una obligación de devolverle a la fotografía, el medio que les ha permitido ser quienes son, todo lo que les ha ofrecido.

Portada del catálogo "Joves Fotografs",
editado por la Caixa de Pensions, 1986

Dicho esto, todos sabemos que el mercado fotográfico en este país es minúsculo por lo que en realidad creo más nos vale dejarnos de luchas internas absurdas y empezar a remar todos, lo más unidos que podamos, para que la falta de cultura fotográfica empiece a disminuir de una vez por todas. Y cuidado que no planteo una especie de comuna hippie en la que todos seamos amigos y que no haya diferentes opiniones. El debate es útil y necesario, ese es de hecho uno de los principales propósitos de este blog y creo que el párrafo anterior lo deja bastante claro. Lo que creo que se necesita es dejarse de peleas internas como las sucedidas anteriormente entre las diferentes maneras de entender la fotografía o las diferentes generaciones que, por lo que me han contado –el oscurantismo y la no aceptación de los errores cometidos por cada cual también es otra lacra a eliminar – llevaron a desenlaces tan tristes como la desaparición del Centro Internacional de Fotografía de Barcelona, centro al que el MACBA dedicaba una exposición recientemente. Creo que deberíamos intentar expandir la cultura de la fotografía más allá de las endogámicas fronteras que la limitan hoy en día. He visto infinidad de galerías o seudogalerías tanto físicas como online donde ofrecen fotografía a precios, digamos, razonables pensando que de esa manera iban a conseguir atraer al gran público a la fotografía. ¿Pero cuantas de ellas han funcionado realmente? No falta oferta, aquí hay buenísimos fotógrafos, revistas, colectivos, libros y webs... Pero por muy barato que lo ofrezcas, si a alguien le quieres vender aquello que no valora, estarás dándote cabezazos contra una pared. Lo que hace falta es demanda, porque ni siquiera la gente que tiene intereses culturales o artísticos tiene unos conocimientos medios de fotografía. Yo he llegado a sufrir preguntas como: ¿existe una historia de la fotografía? Por eso creo que por ahora es inútil intentar mostrar, publicar o vender fotografía en España cuando no hay nadie que entienda cual es su valor tanto económico como cultural. Para solucionarlo, además de dejar la práctica de “tonto el último” que mencionaba anteriormente, creo que los que estamos en esto primero deberíamos aceptar que lo que nosotros entendemos por fotografía puede no tener un único significado. No se trata de que creemos una definición común ni nada parecido, por muy paradójico que parezca, siempre he creído que tener las cosas demasiado claras puede ser el inicio de un problema. Propongo que aunque no todos estemos de acuerdo con que hacer pantallazos en el ordenador, fotogramas, fotografía directa o colodión húmedo sea fotografía, sin dejar de debatir cuales son esas diferencias, nos centremos más en las semejanzas y sepamos transmitir porqué es esta nuestra pasión, y en algunos casos también profesión. Supongo que los fotógrafos de los que hablaba anteriormente no lo verán del mismo modo. Supongo que será así porque tuvieron que abrirse camino en un en paisaje fotográfico español aún más desértico del que vivimos ahora, por lo que ya tuvieron suficiente con lo suyo. Y una vez te acostumbras a tirar tu solo para adelante sin saber muy bien hacia donde vas, digo yo que cuesta mirar a los lados o a quién viene por detrás. Y además, como la etiqueta que les hemos adjudicado bien dice, ya están consagrados, por lo que no tienen esa motivación extra que te aporta el no tener tierra firme bajo tus pies.

Página 25 del catálogo con la transcripción de la
mesa redonda con motivo de la exposición
"Joves Fotografs", La Caixa de Pensions, 1986


Por si acaso y para que quede claro, vuelvo a repetir que busco debates pero no peleas. No es para nada mi intención ofender a nadie y no tendré reparos para rectificar o pedir disculpas si alguien se ha sentido menospreciado. Y mucho menos con aquellos que llegaron antes, porque aunque no siempre esté de acuerdo, mi egocentrismo fotográfico tiene límites y tengo muy claro que siempre habrá algo que ellos saben y a mi me quede por aprender.

Una vez reconocido lo anterior y asumido sus errores – los aciertos ya están asumidos y reconocidos desde hace tiempo –, toca analizar el presente. Me da la sensación de que esta nueva generación de la que hablaba al principio trae consigo una nueva mentalidad y ha cambiado el paso. La interacción que hay hoy en día entre la gente, y no solo a través de la red, es parte muy importante de su propia existencia. Creo que hemos sabido interactuar, debatir, rebatir y aprender como nunca antes había sucedido. Hay gente haciendo cosas muy diferentes, con ideas muy diferentes sobre qué es la fotografía y como debe utilizarse. Pero eso no provoca rupturas, sino todo lo contrario, por suerte somos la generación del compartir, la generación para la que la marca de agua en sus fotos es una aberración. La que nos hemos “espabilado” y hemos sabido hacer un cambio de rumbo y buen marketing, como también pedía a los jóvenes fotógrafos del 86 Fontcuberta:

“...en mi opinión os falta marketing. Estáis vendiendo un producto que ya existe, y una de las leyes del marketing es que hay que crear un diferencia aunque sea falsa o psicológica con respecto a lo que existe....”

Pues bien, más allá de las diferentes prácticas fotográficas que hemos desarrollado, esa diferencia respecto a lo que existe radica en nuestra actitud por y para el medio. Además de querer ganarnos la vida con la fotografía –opción total y absolutamente lícita – queremos compartirla. Supongo que ahora más de uno se estará frotando las manos pensando en que le estoy metiendo mucha caña al Premio Nacional de Fotografía, de Artes Visuales y de Ensayo, y en parte tienen razón. Pero por otra parte hay que reconocerle que si eso es así, es porque es el único que se ha “arriesgado” a decir lo que piensa sin cortapisas. Es un provocador nato, abre debates, cosa que hace que aunque a veces no comparta sus aportaciones, sea siempre una opinión a seguir y muy de agradecer. Más de uno también se preguntará qué es lo que me lleva a la chulería –sin ser de Bilbao – de afirmar que la generación de fotógrafos de hoy en día sobresale por encima de las de los últimos 30 años. Por empezar por algún sitio, diría que porque hace tiempo que algunos fotógrafos percibieron esta realidad y se enfrentaron al “tonto el último” con la de “la unión hace la fuerza”, creando  colectivos de fotografía. Ellos no solo han sabido hacerse un hueco, sino que directamente han sido capaces de construir un espacio donde no antes no lo había. Y han creado y/o importado modelos de trabajo, de educación e incluso estéticos claramente identificables. Ese camino abierto se ha multiplicado y diversificado en otros muchos colectivos que funcionan en diferentes puntos de la península y que a base de ensanchar el camino han permitido que ya no sea condición sine qua non formar parte de un grupo para existir. También resaltaría el grandísimo momento que vive el mundo de autoedición y la edición independiente, donde libros de autores españoles son alabados fuera de nuestras fronteras – y hay otros con igual o mejor pinta por llegar. Donde editoriales independientes se atreven con el “libro electrónico” y empiezan a tener resultados o webs independientes y sin ánimo de lucro aparecen como una de las mejores webs sobre libros de fotografía según revistas extranjeras. Y si esto no les parece suficiente y lo que necesitan son premios y reconocimientos directos, podemos estar muy orgullosos porque ya no es raro contar con jóvenes fotógrafos españoles premiados o seleccionados en convocatorias como el ya clásico Word Press Photo, el premio de retrato de la National Portrait Gallery de Londres, en festivales de gran repercusión internacional...  Y a pesar de que me dejo muchas más cosas – como por ejemplo todos los blogs, webs y revistas tanto digitales como impresas que existen y que promueven la fotografía emergente, o aquello que se suele aceptar como signo de buena salud de cualquier ideología como es el humor autocrítico y satírico – en realidad ninguno de esos hechos irrefutables son los que me permiten sacar pecho tan descaradamente. Lo que me hace estar tan seguro es tener esa sensación de motivación compartida y generalizada que se respira entre esta nueva generación en cada conversación, cosa que ahora mismo no soy capaz de describir ni detallar con palabras que le hagan justicia.

Lo curioso es que a pesar de la existencia de todo esto ninguna institución, empresa cultural o medio de comunicación importante se ha hecho eco hasta ahora. Pero...¿y que pasaría si eso cambiara? Imaginemos por un momento que un gran museo, festival o parecido se plantease la idea de que lo que está pasando es lo suficientemente importante como para ser señalado. Debería ser una oportunidad de oro para ampliar el interés por la fotografía y para conseguir –como decía más arriba – acercar a gente que no necesariamente trabaja con el medio, ampliando así su radio de acción. En principio el reconocimiento siempre es de agradecer y suena muy prometedor pero...no se si seré yo que suelo ser escéptico y dudo ante todo...¿pero no os entra un poco de miedo? Lo pregunto porque al pensarlo me da la sensación de que seguramente se intentaría establecer un especie de canon o definición que acotase, identificase y definiese qué, quién, cómo y por qué se está desarrollando la fotografía. Y ese sería una gran error, ya que a mi juicio lo más importante es que hay gente continuando con la street-photography, sacando revistas a la calle y a las pantallas, investigando con la postfotografía, programando webs, haciendo nueva fotografía documental, publicando libros y reuniéndose para verlos, manteniendo vivas las técnicas antiguas, impartiendo clases, recibiendo esas clases, reinventando el collage, sacando fotos en grupo y en solitario, teorizando, creando colectivos, montando exposiciones, participando en festivales nacionales e internacionales, convocando concursos, criticando trabajos propios y ajenos, organizando proyecciones y un interminable etcétera. Me temo que si desde alguna institución se propusiese ese reconocimiento a esta nueva generación, se quedaría en eso, en lo que yo acabo de hacer, en un mero señalar pasajero, cuando lo que aquí necesitamos es un cambio de actitud. Es indispensable que se mire y se tenga en cuenta a los últimos en llegar, que aquel que se “espabile”, trabaje y demuestre unas dotes, tenga su recompensa más allá de la edad o de los años que lleve en el medio. No se necesita una gran exposición sobre la nueva fotografía en España, lo que se necesita es un cambio en la mentalidad de todos los que trabajan alrededor de la fotografía, y en especial en las instituciones públicas, en como acogemos, aceptamos y exportamos a la nueva fotografía. He oído a demasiados fotógrafos quejarse de lo que les costó llegar, pero he visto a muy pocos intentar hacer algo para que ese proceso no se perpetuase. Estoy seguro que cada época tiene sus carencias y sus ventajas,  solo propongo hacer algo para que los que vengan después de nosotros al menos no pasen por las mismas dificultades que nosotros tenemos hoy.

Y de hecho, escribir todo este speech – si todavía estáis leyendo esto os lo agradezco y prometo intentar ser mucho más conciso en el futuro – me ha ayudado a darme cuenta de que seguramente nadie de esas altas esferas va a abanderar ese cambio de mentalidad y, aunque quizás sea de una manera bastante ingenua, solo podemos hacerlo nosotros...e  incluso iría más allá y diría que de hecho, ya lo estamos haciendo. Escribir todo este texto me ha llevado a la conclusión de que no tenemos que intentar cambiar la manera de pensar o actuar de nadie, solo tenemos que seguir creyendo y haciendo las cosas a nuestra manera con el mismo ímpetu, porque estoy seguro que de todo este trabajo nos está llevando a un escenario mejor, al que otros acabarán por unirse. Y ahora que lo pienso, existen algunos ejemplos de dichos cambios, como el de que Xavier Rivas, que engrosaría la lista de fotógrafos consagrados, opte por una editorial pequeña e independiente como BSide Books para publicar. O a la inversa, que una gran editorial como RM, coedite libros de corte más arriesgado de lo que acostumbra, como pueden ser los de Vicente Paredes o Julián Barón. Por lo que sé, también tenemos que agradecerle a gestores culturales de nuestra generación la vuelta de unas ayudas tan importantes y necesarias como Fotopress. O por otro lado el esfuerzo que están haciendo algunas escuelas por cambiar sus modelos educativos y como otras nuevas ofrecen oportunidades hace poco inimaginables, como la de publicar un libro tanto a profesores como a alumnos, en el caso de la escuela Lens de Madrid.

Esta nueva generación vive y exprime la fotografía todo lo que puede. Gracias a Internet lo hace en común con debates abiertos, seguro que con algunos enfados, pero sin grandes peleas ni jerarquías internas, entendiendo que justamente esa variedad es la que da forma al nuevo movimiento. Y definitivamente se trata de un movimiento expansivo al que no le caben los corsés. Busca traspasar cualquier límite o frontera, aprovecha como nunca de las oportunidades que le ofrece la tecnología, tanto la nueva como la antigua. Vive y disfruta la fotografía de ayer y de hoy, y se arriesga a buscar la de mañana.

Sinceramente, si nos quejamos de lo difícil que es vivir de la fotografía, de lo mal que se trata al fotoperiodista, del pésimo gusto de agencias y clientes en el mundo de la moda y la publicidad, del poco margen que tiene frente a otras disciplinas en el mercado del arte etc. Si por un lado el gran problema viene del poco valor tanto cultural como económico que tiene la fotografía en la sociedad y de la precariedad que eso supone para los que la practicamos, pero si por otro a pesar de ello seguimos erre que erre viviendo y compartiendo aquello en lo que creemos...¿soy el único que piensa que llegará un momento en el que ese sin sentido llamará la atención fuera de nuestras endogámicas fronteras y a alguien ajeno a la fotografía le llamará la atención y querrá entender el porqué de ese impulso? Por muy naíf que suene...¿a alguien se le ocurre una mejor manera para conseguir ampliar el número de público a la que le puede interesar la fotografía que la de demostrar nuestra pasión inquebrantable por ella?

Foto: Alberto Feijóo